Aldemar Martínez, el hombre que le dio otro estatus a la mazamorra


Acosado por los problemas económicos, propios de su condición de desplazado por la violencia, aprendió a preparar el plato de origen indígena, pero transformándolo en un producto de alta calidad y con una vida prolongada.

 

“Cuando un hombre sabe lo que quiere el universo entero conspira para conseguirlo”, pensamiento de Walter Riso consignado en ‘El Alquimista’ y “No se mate la vida estudiando, forme empresa que los que estudian vendrán a pedirle trabajo”, consejo promulgado por su abuelo, son la carta de navegación en la vida de Aldemar Martínez, el cundinamarqués que encontró en el Tolima la mejor plaza para echar a andar su idea: crear una fábrica de mazamorra.

Su negocio, por el que se ha ganado el apelativo del ‘rey de la mazamorra’, tuvo origen en Ibagué, hace más de dos décadas, pero se concretó en Purificación, donde logró demostrar a los incrédulos que sí se podía dar estatus comercial a este producto autóctono. 

El pasado 5 de agosto cumplió un año de haber inaugurado su empresa Mazamorra Larga Vida S.A.S., dedicada a la producción y comercialización del manjar de maíz trillado blanco y amarillo, que se convirtió en su sustento luego de abandonar su tierra natal, huyendo del fuego cruzado entre la guerrilla y los paramilitares. 

Su producto no es la típica mazamorra que se ofrece de barrio en barrio en olla grande o cantina para el consumo inmediato, sino una de tipo larga vida, empacada en bolsas de 500 gramos, que puede durar entre 15 y 30 días sin alterar de manera esencial ni su valor nutricional ni sus características organolépticas. 

El alimento ofrecido por Aldemar, tanto por su forma de preparación como por su presentación, permite que las personas que gustan de este lo puedan adquirir con las garantías higiénicas para el consumo, y a su vez, abrió la posibilidad para la industrialización de la misma, acercándolo a concretar su sueño: poder ver en cada tienda y supermercado la oferta de su mazamorra ‘MAZ’. 

La clave de su negocio

El espíritu empresarial de Aldemar, junto con su olfato para los negocios, su persistencia y su alta dosis de creatividad, le permitieron constituir una empresa sostenible, con el patrocinio del Fondo Emprender. 

Aplicando los consejos de su padre, quien le heredó las recetas que hacen posible que su preparación sea única en sabor y en textura, este emprendedor encontró la forma de asegurar su conservación por más tiempo, sin aditivos ni preservantes. 

El secreto de su “larga vida” está en un choque térmico al que es sometida la mazamorra, consiste en pasar de 140 grados, que es la temperatura que alcanza la mazamorra en la cocción a empacarla a cero grados. 

Luego de este brusco cambio que permite la destrucción de las esporas bacterianas resistentes al calor, y protegido en bolsas plásticas estériles, cerradas herméticamente, el producto es almacenado hasta la hora de ser comercializado. 

La mazamorra ‘MAZ’ llega al paladar de los comensales, a través de la venta directa, labor que también desarrolla su productor, quien dedica dos días para la producción de 100 libras, y cinco para la distribución. 

Montado en una humilde motocicleta, a la que le adecuó una nevera, recorre durante dos días las distintas veredas de Purificación,  y posteriormente los cascos urbanos de Prado y Saldaña,  que tiene perfectamente zonificados para no tardar más de un día en cada uno.

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