Pesca artesanal, un oficio rumbo a la extinción en Honda

La mayoría de familias que derivaban su sustento de esta labor ha tenido que buscar otras alternativas. Vivir del río, una misión que se torna imposible.

La llegada de la subienda ha dejado un amargo sabor de boca entre los pescadores de Honda. Entre las humildes familias había el optimismo de que esta podría durar unos tres meses, generando un periodo de gran dinamización de su economía, la cual ha sido fuertemente golpeada por la pandemia.

Pese a todos los pronósticos, el fenómeno natural ha sido contrario a lo esperado. Desde mediados de enero y lo corrido de febrero se han registrado dos puntas, con una duración de no más de dos días. La cantidad de peces y el tamaño de los especímenes son muy reducidos.

“Teníamos mucha fe, pero ni siquiera el río nos ha ayudado, ha estado muy seco por la falta de lluvia y los peces que se dirigen río arriba, no están llegando a las orillas”, mencionó el pescador Jorge Enrique Trujillo.

Con esto concuerda Raúl Rondón, vicepresidente de la Federación de Pescadores Artesanales del Centro y Alto Magdalena, Fepescarmag, y representante legal de la Asociación de Pescadores Independientes, Asopein, quien aseguró que “ahora vivir del río es muy difícil”.

Cruda realidad
Según lo expuesto por el Vicepresidente de Fepescarmag, entidad que congrega a 280 pescadores, de seis asociaciones, la poca subienda que se registra obedece a la disminución del proceso natural de reproducción de peces, consecuencia de diversos factores como la pérdida de conectividad entre ciénagas, lagos y el río; la contaminación, los proyectos de trasvase de afluentes y las malas prácticas efectuadas por algunos pescadores artesanales de la zona.

Este difícil panorama pone nuevamente a los pescadores a pensar en que su labor es un oficio que está ad portas de su extinción en la ‘Ciudad de los Puentes’.

A la escasez de peces que ha hecho inviable esta labor, se suman el cambio generacional, la pérdida de los conocimientos ancestrales y la ausencia de formación, que está llevando a los habitantes del río a buscar otras alternativas de sustento como la construcción, la mensajería y la agricultura.

Sin embargo, quienes se niegan a que este milenario oficio desaparezca, buscan con “voluntad política” poner en marcha distintos proyectos productivos, en favor del fortalecimiento y desarrollo de los pescadores del centro y alto del río grande de la Magdalena.

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